STC 83/87
STC 83/1987, de 28 de mayo de 1987
Condenado por delito de apropiación indebida que recurrió en revisión alega
vulneración del art. 24. 2º CE por no haberse resuelto tal recurso. El TC señala
que no se admitió el recurso de forma fundada, si bien no fue notificado
debidamente, no obstante entiende la desestimación del amparo solicitado porque
los vicios de tal notificación no supusieron una vulneración de sus derechos
fundamentales pues la propia actitud del encartado demostraba su claro
conocimiento de los hechos.
TIPO: SENTENCIA
REFERENCIA-NUMERO:83/1987
FECHA-APROBACION:28-05-1987
PUBLICACION-BOE:25-06-1987 [“BOE” núm. 151]
SALA: Sala Primera: Excmos. Sres. Begué, Latorre, García-Mon, de la Vega,
Leguina y López.
NUMERO-REGISTRO:605/1986
PONENTE: don Carlos de la Vega Benayas
RECURSO-TIPO: Recurso de amparo.
EXTRACTO:
1. El incumplimiento del deber judicial de notificar a los interesados y partes
las resoluciones judiciales puede tener relevancia constitucional cuando la
omisión transciende e incide en un derecho de este orden.
DISPOSICION-CITADA:
Constitución Española, de 27 de diciembre de 1978.
Artículo 117.3.
Artículo 120.3.
Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio. Reforma Urgente y Parcial del Código Penal.
En general.
Ley Orgánica 9/1980, de 6 de noviembre. Reforma del Código de Justicia Militar.
Artículo 956. 6§.
Real Decreto de 3 de febrero de 1881. Ley de Enjuiciamiento Civil.
Artículo 279.
MATERIAS:
Indefensión
Notificación.
Notificación de resoluciones judiciales
Irrelevante constitucionalmente.
PREAMBULO:
La Sala Segunda del Tribunal Constitucional, compuesta por doña Gloria Begué
Cantón, Presidenta: don Ángel Latorre Segura, don Fernando García-Mon González-Regueral,
don Carlos de la Vega Benayas, don Jesús Leguina Villa y don Luís López Guerra,
Magistrados, ha pronunciado,
EN NOMBRE DEL REY
la siguiente
SENTENCIA
En el recurso de amparo núm. 605/1986, promovido por don Pedro Solís Valdecantos,
representado por la Procuradora doña Raquel Gracia Moneva y bajo la dirección
del Letrado don Rafael Cotta Cuadra, contra Auto del Consejo Supremo de Justicia
Militar de 1 de junio de 1983, que confirma la Sentencia dictada en casación por
dicho órgano jurisdiccional de 23 de febrero de 1983. Ha comparecido el
Ministerio Fiscal, y ha sido ponente el Magistrado don Carlos de la Vega Benayas,
quien expresa el parecer de la Sala.
ANTECEDENTES:
I. Antecedentes
1. Con fecha 4 de junio de 1986 tuvo entrada en este Tribunal Constitucional la
demanda de amparo interpuesta por don Pedro Solís Valdecantos, representado por
la Procuradora doña Raquel Gracia Moneva, contra el Auto del Consejo Supremo de
Justicia Militar de 1 de junio de 1983.
El recurrente fue condenado por Sentencia del Consejo de Guerra celebrado el 3
de junio de 1981, por haber retirado diversas sumas de la Caja a su cargo y
haberlas utilizado en beneficio propio, como autor responsable de un delito de
malversación de caudales públicos (art. 396 en relación al 394.2 C.P. y art. 194
C.J.M.), Dicha Sentencia fue recurrida en casación ante el Consejo Supremo de
Justicia Militar, el que por Sentencia de 23 de febrero de 1983 apreció
parcialmente el recurso, condenando al recurrente como autor de un delito de
apropiación indebida, con la agravante prevista en el punto 2.º del art. 194
C.J.M.
Con fecha 28 de abril de 1983 el demandante de amparo se presentó ante el
Consejo Supremo de Justicia Militar y al amparo del art. 954.6.º del C.J.M.
interpuso recurso de revisión contra la Sentencia condenatoria. En dicho recurso
alegó, fundándose en cartas de testigos y en la circunstancia de haber dispuesto
de una factura en blanco y sellada con anterioridad a la fecha en que se habría
cometido el hecho que se le imputara, que resultaba claro que había obrado sin
el elemento subjetivo del tipo penal por el cual había resultado condenado.
Con fecha 3 de junio de 1986, el Abogado defensor del recurrente se presento
nuevamente en la Capitanía General de la Primera Región Militar, Secretaría de
Justicia, alegando no tener noticia del resultado del recurso de revisión por
cuanto no había sido notificado del mismo. Asimismo manifiesta el Abogado en la
misma representación tener noticia de “que la resolución del citado recurso fue
remitida a la Secretaría de Justicia” por el Consejo Supremo de Justicia
Militar.
La demanda de amparo alega la vulneración del art. 24.2 de la C.E. por
considerar que el “órgano jurisdiccional sancionador de la causa no ha resuelto
hasta la fecha recurso extraordinario de revisión”” y “la única resolución
comunicada ha sido la denegatoria y por vía oral””.
Agrega, asimismo, que la resolución recaída acerca del mencionado recurso de
revisión “también vulnera el citado precepto constitucional, así como lo
establecido en el apartado 3 del art. 120 C.E., que establece que las Sentencias
ser n siempre motivadas y se pronunciaran en audiencia pública”.
Termina solicitando Sentencia en la que se declare la nulidad del Auto dictado
por el Consejo Supremo de Justicia Militar, acordando el derecho de la parte
recurrente de que se valore la prueba aportada por el mismo y se resuelva
conforme al resultado de la misma.
2. Por providencia de 2 de julio de 1986, la Sección Cuarta de este Tribunal
Constitucional acuerda tener por personado y parte en nombre y representación
del recurrente a la Procuradora doña Raquel Gracia Moneva: así como se le hace
saber la posible concurrencia del motivo de inadmisión de carecer la demanda
manifiestamente de contenido que justifique una decisión por parte del Tribunal
Constitucional, conforme a lo establecido en el arts. 50.2 b) de la LOTC.
3. El Fiscal, en escrito de 17 de julio de 1986, alega que la demanda carece
manifiestamente de contenido constitucional. Se dice por el demandante que
presento recurso de revisión el 28 de abril de 1983 ante el Consejo Supremo de
Justicia Militar y que no ha obtenido respuesta alguna; solamente, añade que por
vía oral, se le ha indicado que el recurso fue denegado, y esto “hace
escasamente doce días...” lo cual es, al menos. confuso, si se tiene en cuenta
que el escrito que presenta dicho demandante en Capitanía General para pedir que
se le notifique la resolución recaída lo es de fecha 3 de junio de 1986, es
decir, el día anterior a la presentación de la demanda de amparo (4 de junio de
1986), sin tiempo hábil suficiente para obtener respuesta a su pretensión, lo
que conlleva, seguramente, el que no aporte, junto con la demanda de amparo,
resolución alguna del Consejo Supremo de Justicia Militar en este sentido.
El demandante invoca como supuestamente lesionado el derecho a un proceso
público sin dilaciones indebidas, pero no justifica la razón de su actitud
pasiva desde el 28 de abril de 1983 hasta el momento de interponer esta demanda
de amparo, lo que hace pensar en una falta de diligencia suya a la que sería
imputable solamente el defecto que se alega.
Tampoco acredita, de alguna manera, la posible causa de la supuesta falta de
notificación, que, en términos hipotéticos, también pudiera ser imputable al
propio demandante.
En definitiva, la endeble y no fundamentada argumentación sobre posible lesión
de derechos fundamentales hace que la demanda incurra en la propuesta causa de
inadmisión que contempla el art. 50.2 b) de la LOTC, y por ello interesa del
Tribunal Constitucional que de conformidad con el art. 86.1 de su Ley Org nica
dicte Auto acordando la inadmisión de la demanda de amparo.
4. Doña Raquel Gracia Moneva, Procuradora de los Tribunales y de doña Pedro
Solís Valdecantos, en escrito de 21 de julio de 1986, se ratifica en lo ya
expresado en su escrito de demanda.
5. Por Auto de 17 de septiembre de 1986, se acuerda la admisión del recurso y se
reclaman al Consejo Supremo de Justicia Militar las actuaciones relativas a la
causa 156/1980 y en especial del recurso de revisión interpuesto por don Pedro
Solís Valdecantos.
6. Por providencia de 5 de noviembre de 1986, la Sección acuerda tener por
recibidas las actuaciones remitidas por el Consejo Supremo de Justicia Militar;
y con vista de las mismas, se concede un plazo común de veinte días al
Ministerio Fiscal y al solicitante del amparo, para que dentro de dicho término
aleguen lo que estimen pertinente.
7. El Fiscal, en escrito de 3 de diciembre de 1986, alega que el recurso de
amparo impugna el Auto de 1 de junio de 1983 por el que se inadmitió el recurso
de revisión, afirmando el demandante que dicho Auto no le ha sido notificado
fehacientemente, habiendo tenido conocimiento de él oralmente... “hace
escasamente doce días””. (La demanda de amparo se presentó el 4 de junio de
1986.) Considera violado con dicho Auto el derecho a un proceso público sin
dilaciones y con todas las garantías y el derecho a utilizar los medios de
prueba (art. 24.2 C.E.) por el órgano jurisdiccional “no ha resuelto hasta la
fecha”” el recurso de revisión... y además “la resolución debe ser motivada”...
Pero el Auto de 1 de junio de 1983 inadmite el recurso extraordinario de
revisión planteado, y, lo inadmite de acuerdo con el art. 963 del Código de
Justicia Militar por no fundarse en alguno de los motivos relacionados con el
art. 954 del mismo Código. Sus argumentos son amplios y se razonan con claridad,
lo que permite afirmar que el ahora demandante plantea ante este Tribunal
Constitucional una cuestión de mera legalidad ordinaria, sin invocar además con
precisión el precepto de la Constitución supuestamente lesionado y que en este
punto hubiera sido el art. 24.1. Por todo lo cual su pretensión carece de
contenido constitucional, en lo atinente a este extremo.
Dice, de otro lado, el demandante que el Auto atacado no le ha sido notificado,
y que sólo ha tenido conocimiento de él oralmente y hace escasamente doce días.
Pero ha quedado probado que el 16 de junio de 1983 el Consejo Supremo de
Justicia Militar remitió testimonio del Auto citado al Capitán General de la
Primera Región Militar para su notificación al interesado; que el 17 de julio de
1983, el señor Solís Valdecantos, al pedir la rectificación del fallo de la
Sentencia que le condenó, reconoce estar cumpliendo condena, que la Sentencia
está en ejecución y que es firme; pero nada dice sobre el recurso de revisión, y
que el 14 de octubre de 1983 se le notifica la remisión de su escrito a la
Primera Región Militar para que por ésta se proceda a la rectificación pedida
del fallo, así como que en escrito (2 de junio de 1986) dirigido al Consejo
Supremo de Justicia Militar, el condenado reconoce que, de acuerdo con la Ley
Orgánica 8/1983 se le impuso definitivamente la pena de cinco meses de arresto
mayor, es decir, que se efectuó la rectificación.
De lo expuesto resulta evidente que el demandante ha permanecido, desde que
interpuso el recurso de revisión (16 de mayo de 1983) hasta el 3 de junio de
1986 sin efectuar protesta alguna referente a la resolución de dicho recurso, lo
que indica una pasividad que le es imputable o por el contrario un conocimiento
de la resolución del mencionado recurso. Esto último parece lo lógico, ya que
sus escritos solicitando la rectificación de la Sentencia (17 de julio de 1983 y
2 de junio de 1986) después de la interposición del recurso de revisión (25 de
abril de 1983) parecen demostrar un t cito aquietamiento con respecto a la
condena sufrida.
8. Transcurrido el plazo concedido en providencia de 5 de noviembre pasado, no
se ha recibido alegación alguna por parte del recurrente.
9. Por providencia de 20 de mayo de 1987, se señaló para deliberación y votación
del recurso el día 27 del mismo mes y año.
FUNDAMENTOS:
II. Fundamentos jurídicos
1. Es absolutamente necesario para la resolución de este recurso completar la
narración de hechos que el recurrente hace en su demanda, y que ahora se toman
de las actuaciones remitidas por la Jurisdicción Militar. En su escrito, en
efecto, la parte omite datos de sumo interés, integrados por actos suyos y de
dicha jurisdicción, que transcurren desde junio de 1983 al mismo mes de 1986.
El Auto de 1 de junio de 1983, que es el que se dice desconocer, acordó no haber
lugar a admitir el recurso extraordinario de revisión (art. 956.6.º Código de
Justicia Militar) y el archivo de las actuaciones. Dicho Auto, extensamente
fundado en la ausencia del supuesto legal de revisión de Sentencias firmes
(documentos que pudieron ser aportados al proceso sin traba alguna), se mandó
notificar por el Consejo Supremo de Justicia Militar, y conducto de Capitanía
General, el 16 de junio. No consta, cierto es, formalmente la notificación,
aunque si el oficio del Consejo y la diligencia de su remisión a Capitanía.
El 17 de julio de 1983 el interesado, a través del Abogado que le representaba,
dirige escrito al Consejo Supremo de Justicia Militar instando la rectificación
del fallo condenatorio, al amparo de la Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio, de
reforma urgente del Código Penal en vigor desde el 17 de julio de 1983, dado que
según el texto reformado la pena por el delito -apropiación indebida- quedaba
sustancialmente rebajada (arresto mayor) y, por tanto, era de aplicación
retroactiva por beneficiar al reo.
El interesado y recurrente no alude en ese escrito de rectificación de pena a su
anterior sobre el recurso extraordinario de revisión -que motivó el Auto de 1 de
junio pero si dice que la Sentencia es firme y en fase ya de ejecución.
El escrito se remite por el Consejo Supremo de Justicia Militar al Capitán
General para su resolución por el Consejo de Guerra sentenciador competente. Por
decreto auditoriado de la Autoridad judicial militar, de 8 de septiembre de
1983, se le rebaja la pena a la de cinco meses de arresto mayor (la anterior era
de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor).
M s tarde -por escrito de 2 de junio de 1986- el recurrente vuelve a solicitar
la rectificación del fallo, pero ahora en lo relativo a la pena accesoria de
perdida de empleo militar. El Fiscal Togado informa en contra. En dicho escrito
o solicitud se argumenta también sobre el dato de la imposición final y firme de
la pena de cinco meses de arresto. No se alude tampoco, sin embargo, a la
revisión extraordinaria, es decir, a su recurso de ese orden ni a su resolución
inadmitiéndolo.
2. Es evidente que estos hechos posteriores y concomitantes con el núcleo de la
pretensión que se formula, han de ser valorados en sus justos términos. Tampoco
hay que olvidar la equivoca formulación del amparo. Por un lado se habla de un
proceso público sin dilaciones indebidas, por otro de ausencia de resolución por
escrito y motivada y, en fin, que, “aun dando por buena la notificación de la
resolución recaída” (se refiere sin citarlo al
Auto de 1 de junio) también se vulnera el art. 120.3 C.E., relativo a la
motivación de las Sentencias. Todo ello para terminar solicitando -en el
suplico- que se acuerde la nulidad de dicho Auto, que se valore la prueba
aportada y que se resuelva conforme a su resultado, es decir, en definitiva, que
se ordene al Tribunal castrense que admita el recurso de revisión
extraordinario, pero no que el Auto, del que implícitamente admite su
existencia, se le notifique.
3. Siendo estos los hechos es clara la improcedencia del recurso. En primer
lugar, hay que dejar constancia de la existencia del Auto, suficientemente
motivado y fundado, que inadmite el recurso extraordinario de revisión, en cuyo
contenido y decisión no es dable entrar ahora para anularlo, como se pide,
puesto que ello es materia propia de la jurisdicción penal (art. 117.3 C.E.),
sin que por otro lado se alegue por la parte infracción constitucional alguna
causada por el mismo.
En segundo lugar, pero muy principalmente, hay que referirse a lo que en el
cuerpo del escrito del recurso -no en el “suplico”, como se ha visto- se
confiere carácter de vulneración del derecho de defensa, es decir, a la falta de
notificación formal del Auto en cuestión.
Cierto es que las resoluciones judiciales han de ser debidamente notificadas a
los interesados y partes como establece la Ley y también que el incumplimiento
de ese deber judicial puede tener relevancia constitucional cuando la omisión
transcienda e incida en un derecho de este orden. Esto es lo decisivo para la
resolución del recurso de amparo, porque si no hay tal incidencia el proceso
carecer de contenido, y esta es la situación que se deduce de los hechos
descritos.
El recurso no demuestra qué derecho fundamental suyo ha sido vulnerado, qué
posibilidades de defensa judicial le han sido impedidas. Ni siquiera acredita
que desconociera la resolución que unas veces dice que no existía y otras que no
le había sido notificada. Y esto no quiere decir que ahora se le exija la prueba
de un hecho negativo, sino que su propia conducta lo está acreditando con
fortísima presunción. Para esto hay que partir del muy significativo indicio de
su silencio en el escrito de 17 de julio de 1983 -poco tiempo después de
dictarse el Auto- en el que pide la rectificación de la pena y muy especialmente
en el de 2 de junio de 1986, en el cual reitera su solicitud de rectificación,
partiendo de que la condena ya era firme y ejecutoria, lo que no sería lógico
admitir si no supiera o no conociera la existencia del Auto de 1 de junio, que
inadmitió la revisión, es decir, que ratificó la firmeza del fallo, sin que en
momento alguno -en el tiempo en el que se resuelven sus peticiones
derectificación de penas- inste del Tribunal militar resolución alguna relativa
a la revisión. Hay pues, por su parte, una inactividad presumiblemente
justificada y que ahora, en estrictos términos de buena fe procesal, no puede
reprochar al órgano judicial, ni alegar que hubiera dilación, cuando su conducta
demuestra que la notificación se practicó, o bien que se dio por notificada,
supuesto éste en el que la Ley procesal común (L.E.C. art. 279) da por hecha la
notificación, sanando la eventual incorrección en la forma.
No hay, por tanto, indefensión y, en consecuencia, lo procedente es la
desestimación del recurso.
FALLO:
En atención a todo lo expuesto, el Tribunal Constitucional, POR LA AUTORIDAD QUE
LE CONFIERE LA CONSTITUCION DE LA NACION ESPAÑOLA,
Ha decidido
Denegar el amparo solicitado por don Pedro Solís Valdecantos.
Publíquese esta Sentencia en el “Boletín Oficial del Estado”.
Dada en Madrid, a veintiocho de mayo de mil novecientos ochenta y siete.